martes, 26 de enero de 2010


Algo se detuvo en punto muerto y fue tan grande ese silencio, fue tan grande el desamor. Restos de un navío que encallaba, yo te quise, yo te amaba; no sé bien lo que pasó. Cuando los jazmines no perfuman, cuando sólo vemos bruma, cuando el cuento terminó, todo nos parece intrascendente; no es cuestión de edad o de suerte, de eso se trata el amor.


Tengo que correr, tienes que correr a toda velocidad...


Veo tus pupilas descubriendo algún Chagal en el invierno, creo del '83. Yo estoy a tu lado revolviendo, ordenando libros viejos que leí pero olvidé. Besos de tu madre en el teléfono y la lluvia es un espejo que me ayuda a verte bien. Oigo tu sonrisa que ilumina el estudio y la cocina entre las copas y el café.


Tengo que correr, tienes que correr a toda velocidad...


Sabe amargo el licor de las cosas queridas. Se acabó lo mejor, ¿quién nos quita esta herida? Yo te pierdo a ti, tú me das por perdida. Es la hora de huir, la despedida.


Tengo que correr, tienes que correr a toda velocidad... A toda velocidad.