viernes, 19 de febrero de 2010


Le gustaba Mar del Plata, cuando llovía,

inventaba contratos que no existían.
La cosa era escapar, llegar a la costa
y entre Buenos Aires y Mar del Plata pasar las noches.

Trovador de los charcos en el mar,
te inventaste una gira y hoy se te extraña.
En el cielo estarás muy aburrido
porque están con el diablo nuestros amigos.

Romeo, que tenías las ilusiones
de encontrar una Julieta por los balcones.
Corriendo te cruzaste en el andén
y por andar apurado te equivocaste de tren.

De noche por Mardel en las esquinas,
siempre lo ven caminar adonde el pueblo termina,
de smoking negro con estrellas la solapa
y entre sombras y balcones regalando serenatas.

¿Dónde están tus camisas de luna y brillo,
los duendes que dormían en tus bolsillos?
Andarán como yo, desorientados:
de tu percha quedamos todos colgados.

Poeta que de noche por las esquinas
inventabas romances que no existían.
Hermano de aventuras y de bohemia
al quedarme sin vos, quedé de seña.

Romeo, que tenías las ilusiones
de encontrar una Julieta por los balcones.
Corriendo te cruzaste en el andén
y por andar apurado te equivocaste de tren.

De noche por Mardel en las esquinas,
siempre lo ven caminar adonde el pueblo termina,
de smoking negro con estrellas la solapa
y entre sombras y balcones regalando serenatas.

Le gustaba Mar del Plata, cuando llovía...
“Abuelo Héctor, este recuerdo es para vos,
Héctor Otero”