miércoles, 9 de junio de 2010

1916, Buenos Aires: Isadora.

Descalza, desnuda, apenas envuelta en la Bandera Argentina , Isadora Duncan baila el Himno Nacional.

Una noche comete esa osadía, en un café de estudiantes de Buenos Aires y a la mañana siguiente todo el mundo lo sabe: el empresario rompe el contrato, las buenas familias devuelven sus entradas al Teatro Colón y la prensa exige la expulsión inmediata de esta pecadora norteamericana que ha venido a la Argentina a mancillar los símbolos patrios.

Isadora no entiende nada. Ningún francés protestó cuando ella bailó la Marsellesa con un chal rojo, azul y blanco por todo vestido. Si se puede bailar una emoción, si se puede bailar una idea, ¿por que no se puede bailar un himno?. La libertad ofende . Mujer de ojos brillantes, Isadora es enemiga declarada de la escuela tradicional , el matrimonio, la danza clásica, y de todo lo que enjaule al viento. Ella baila porque bailando goza, y baila lo que quiere, cuando quiere y como quiere, y las orquestas callan ante la música que nace de su cuerpo.