sábado, 23 de octubre de 2010

―Corre- dijo la tortuga.



―Corre- dijo la tortuga.
―Atrévete- dijo el cobarde.
―Estoy de vuelta- dijo un tipo que nunca fue a ninguna parte.
―Sálvame- dijo el verdugo.
―Sé que has sido tú- dijo el culpable.
―No me grites- dijo el sordo.
―Hoy es jueves- dijo el martes.
Y tú no te perfumes con palabras para consolarme. Déjame solo conmigo, con el íntimo enemigo que malvive de pensión en mi corazón, el receloso, el fugitivo, el más oscuro de los dos, el pariente pobre de la duda, el que nunca se desnuda si no me desnudo yo, el caprichoso, el orgulloso, el otro cómplice traidor.
A ti te estoy hablando, a ti, que nunca sigues mis consejos. A ti te estoy gritando, a ti, que estás metido en mi pellejo. A ti que estás llorando ahí, del otro lado del espejo. A ti que no te debo más que el empujón que anoche me invitó a escribir esta canción.
―No mientas- dijo el mentiroso.
―Buena suerte- dijo el gafe.
―Ocúpate del alma- dijo el gordo vendedor de carne.
―Pruébame- dijo el veneno.
―Ámame como odian los amantes.
―Drogas no- dijo el camello.
―¿Cuánto vales?- dijo el gángster.
A punto de rendirme estaba, a un paso de quemar la nave, cuando al borde del camino por dos veces el destino me hizo un guiño en forma de labios de mujer.




Para todos los que, como yo, estuvieron a punto de tirar la toalla pero afortunadamente la vida les dio otra oportunidad, el destino les hizo un guiño, y esa oportunidad, ese guiño, después se materializaron en forma de persona, una muy importante gracias a la cual continuamos.