Entendí que estaba perdida -o quizás no del todo, quizás demasiado encontrada- la noche que no pude dormir pensando en sus ojos, esos ojos que la noche anterior me habían mirado, me habían escuchado, me habían hablado. Me habían enseñado el corazón de su dueña y ésta había dejado entrever a través de su sonrisa que ya nada sería igual en nuestras vidas. Por suerte existen las fotografías que permiten capturar no sólo la belleza del momento, sino también la felicidad que puede vislumbrarse por la luz que nuestras almas emanan.
Hablo por mí. Pero sé que te tomás la libertad de ser libre (valga la redundancia) y sincera con tus palabras y acciones. Y lo agradezco. Y me encantaría poder, algun día, alcanzar esa libertad.