jueves, 27 de enero de 2011

Grisel.-

No debí pensar jamás 
en lograr tu corazón... 
Y sin embargo te busqué 
hasta que un día te encontré
y con mis besos te aturdí 
sin importarme que eras buena. 
Tu ilusión fue de cristal, 
se rompió cuando partí, 
pues nunca, nunca más volví... 
¡Qué amarga fue tu pena! 

"No te olvides de mí, 
de tu Grisel", 
me dijiste al besar 
el Cristo aquél... 
Y hoy, que vivo enloquecido 
porque no te olvidé
ni te acuerdas de mí, 
¡Grisel!, ¡Grisel! 

Me faltó después tu voz 
y el calor de tu mirar, 
y como un loco te busqué 
pero ya nunca te encontré 
y en otros besos me aturdí. 
¡Mi vida fue todo engaño! 
¿Qué será, Grisel, de mí...? 
¡Se cumplió la ley de Dios 
porque sus culpas ya pagó 
quien te hizo tanto daño!