Ni tú bordas pañuelos ni yo rompo contratos.
Ni yo mato por celos ni tú mueres por mí.
Antes de que me quieras como se quiere a un gato, me largo con cualquiera que se parezca a ti.
De par en par te abro las puertas que me cierras.
Yo, en cambio, no he sabido ir a favor del viento que muerde las esquinas de esta ciudad impía.
Pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento desde un hotel de lujo con dos camas vacías.