Sé que estás dentro mío, porque no podrías estar en otro lugar. Pero por alguna razón que desconozco, no te dejás ver. Estás escondida detrás de tu nueva forma de vestir y la nueva música que escuchás.
Me gustaría que volvieras a florecer, no me gusta esta persona en la que me convertí gracias a tu ausencia.
Estoy hundida. Mis reiterados y vanos intentos por pertenecer me hundieron. Sí, vanos. No sé por qué una y otra vez creo que pertenezco a ese grupo de salvajes que no se dan cuenta que lo único que hacen es atentar contra sus propias vidas, contra sus propios cuerpos, contra sus propias almas…
Quiero que vuelvas y me digas una vez más con toda tu sabiduría que no necesitás pertenecer para ser feliz, que vos tenés otras (muchas) herramientas para ser feliz que ellos nunca van a tener.
Aparecé, dale. Aparecé y llename de tus letras, tus películas, tu teatro, tu música, todo aquello que solía llenarte el alma y ahora no contemplás ni siquiera de reojo.
