27.09.11
... y fue cuando me besó para despedirse cuando me enfrenté con el miedo de no volver a verla que aproveché, como todos los seres humanos, que encontramos el momento apropiado cuando enfrentamos ese miedo o, peor aún, cuando ese miedo se convirtió en una realidad, para decirle lo que tuve ganas de decirle desde que comenzó a hablar: gracias por abrirme la puerta a nuevos mundos. Entonces volvió su mirada hacia mis ojos y, con una intensa sonrisa de satisfacción y lágrimas orgullosas en los ojos me respondió: gracias, cielo; y me acarició la mejilla convirtiéndose una vez más en la Reina de mi mundo...