jueves, 8 de septiembre de 2011

Te dejo con tu vida,
tu trabajo,
tu gente,
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza,
te dejo junto al mundo,
derrotando imposibles
seguro sin seguro.

Te dejo frente al mar,
descifrándote solo,
sin mi pregunta a ciegas,
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas,
pobres y malheridas,
sin mis inmadureces,
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo.
No creas nunca creas
este falso abandono.


Estaré donde menos
lo esperes,
por ejemplo,
en un árbol añoso 

de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas,
en la huella del tacto,
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartida,
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red,
esperando tus ojos
y mirándote.