Cómo puedo contarte
que me gusta gustarte
que no te he asesinado del todo,
que me siento viudo
y que dudo
entre el limbo y el lodo.
Y no sé de que modo
dejar de adorarte sin duelo,
entre nunca y quien sabe,
entre el ojo y la llave,
el volcán, el tifón y el deshielo.
No me canso de hablarte,
aunque pronto mi voz
suene a grano de arroz
repetido,
y desampararte
es regar
los claveles del mar
del olvido.
Nada amanece,
todo envejece,
guarda tu velo de tul,
tal vez mañana
a mi ventana
llame otro príncipe azul.