tu rostro, tu paso largo,
tus manos y, sin embargo,
todavía no lo creo.
Nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa.
Sin embargo todavía
no puedo creer mi suerte,
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía.
Y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos,
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido.