martes, 5 de junio de 2012

Llegué a casa después de nuestro encuentro y desesperada busqué haberme olvidado alguna de mis cosas para que pudieras aferrarte a ella y recordarme con el mismo fervor con que yo lo hacía. Todo estaba conmigo. Incluso más de lo que había llevado. Fui al baño a enjuagarme las lágrimas que no dejaban de brotar. El maquillaje dibujaba un paisaje gris y tétrico sobre el lienzo de mi rostro. Respiré hondo y sentí mi perfume, entremezclado con el tuyo que había decidido mudarse a mi piel porque allí estaría mejor. Pensé que, a lo mejor, el mío estaba todavía en tu almohada y te imaginé recostado abrazándola y recordándome, pensando en lo que harías de ahora en más. Estaba cansada de ser yo quien sintiera por mí y por el mundo. Pero esta vez era diferente. Esta vez ambos sufríamos por nuestros errores. Algo nuevo iba a comenzar y ninguno de los dos llegaba siquiera a imaginarlo...


12.12.11