martes, 7 de agosto de 2012

Y, sin embargo... te quiero.

Me lo dijeron mil veces,
mas yo nunca quise poner atención.
Cuando llegaron los llantos,
ya estabas muy dentro de mi corazón.

Y, bajo tus besos,
en la madrugá, 
sin que tú notaras la cruz de mi angustia,
solía cantar:

Te quiero más que a mis ojos,
te quiero más que a mi vida,
más que al aire que respiro
y más que a la madre mía.

Que se me paren los pulsos
si te dejo de querer,
que las campanas me doblen
si te falto alguna vez.

Eres mi vida y mi muerte,
te lo juro compañero:
no debía de quererte,
no debía de quererte
y, sin embargo... te quiero.