¿Por qué siempre recordé más aquella noche que la que debería haber sido la más importante, que fue aquella en la que te conocí?
Es una pregunta que me hago siempre, con cierta culpa. Como si la persona de la primera vez fuese diferente a la de la segunda y estuviese celosa de ésta. Una locura.
Recién hoy luego de dos años me senté a replantearme el asunto. Me tenía algo intrigada. No necesité pensarlo mucho. Siempre supe que no fue el mero hecho de haberme tratado más dulcemente, de haberme regalado más tiempo. Siempre supe que había algo más…
Esa noche me dejaste conocerte más, me dejaste ver la dulzura que existe en tu corazón, a la que es difícil acceder pero no es imposible. Esa noche pude crear mi propia imagen de tu persona sin que nadie me dijera cómo sos ni me adelantara equívocamente cómo actuarías ni tus acciones estuvieran condicionadas por la compañía. Esa noche pude descubrir que no eras la persona que el mundo me describía. Esa noche, ocho meses separados de la anterior, decidí que viviría para hacerte saber que hay una persona en el mundo que te quiere con todo su amor, el más puro y desinteresado que podría existir.
Aún no lo logré, no sos fácil. Pero esta noche, luego de dos años y medio de luchas, decepciones, diversos obstáculos y un casi cuelgue de toalla, me encuentro aquí, fuerte y ansiosa por dar el próximo paso, segura y esperanzada de algún día lograr mi cometido.