A medida que iba aclarando una foto, iba descubriendo en ella una expresión que no me gustaba, una sonrisa que se iba distorsionando para irse transformando en una expresión de rencor.
De esta misma manera, el tiempo me fue aclarando mi visión de la realidad, como se dice comúnmente "me fue abriendo los ojos", hasta llegar a lo que puedo ver ahora. Ni me gusta ni me disgusta lo que veo. Sigo adorando a esa persona. Pero dolió al principio ese cambio, ese descubrir en el otro una serie de imperfecciones que hasta entonces no había notado. Todos tenemos esos defectos. No soy quién para juzgarla. Por eso sigo aquí, al pie del cañón. Quién sabe por cuánto tiempo...