miércoles, 28 de julio de 2010

Sólo te pido...

Sólo te pido un abrazo más que me apriete mucho más que ayer.
Sólo te pido una mirada más que, a través de ella, pueda ver las cosas que hacen y sienten tipos como vos, los que mueren de pie.
Sólo te pido un consejo más que por siempre deba recordar.
Sólo te pido un enojo más para saber qué camino tomar.
Sólo te pido una sonrisa más, para saber cómo sonreír de aquí en más.
Sólo quisiera hacerte el mejor favor para que mi culpa se vaya como el sol y la luna no me reproche lo que el tiempo no me dejó vivir con vos.
Sólo te pido una lágrima más que inunde todo mi corazón.
Sólo quisiera una última despedida que manche de alegría el resto de mi vida y, cuando lágrimas de luto caen en tu mejilla, entiendo que no tendré lo que más quiero: ese minuto más, sólo un minuto más.



Y, cuando mi hijo pregunte por su bisabuelo, le diré que está en un lugar mágico, que está en el cielo y siempre lo va a guiar.





Pienso en el poco tiempo que viví con vos y me doy cuenta que nos habríamos llevado tan bien. Y que me hubiera gustado conocerte más. Es hermoso encontrarme con gente que no conozco y que me diga que eras una persona excelente y que tengo tu mirada. Pero me hubiese encantado realmente descubrirlo por mí misma y encontrar mi mirada en la tuya. Lamentablemente no pudo ser y tengo que conformarme buscando los restos de tu espíritu en tu amada Mar del Plata, sintiéndome abrazada por vos en cada ola, imaginándome tus ojos llenos de lágrimas ante la inmensidad del mar teñida por el colorido del atardecer, contrastando con el gris del cemento.