Caminé por las sombras del amanecer y, desde una vidriera, mi nombre escuché y, al volver, observé que la voz de un maniquí llegó hasta mí: "¿A dónde vas? ¡Quedate en Buenos Aires! Si todavía venden la foto de Gardel y, en un boliche que queda por San Telmo, Rivero canta tangos pero del tiempo aquél... ¿A dónde vas? ¡Quedate en Buenos Aires! Si por tus venas corren mil ríos de alquitrán y en cada esquina te espera una aventura... Dejate de locuras. No quieras escapar.
Así fue que esa noche, por un maniquí, un concierto en la sangre comencé a sentir. ¿Ser feliz? ES AQUÍ. Y ya nunca de mi gente he de partir...
Hoy pasé por la casa de aquel maniquí... Ya lo ves, soy feliz. Disculpame si hoy te vengo a desvestir...