Para seguir adelante sólo tenía que matar al monstruo devorador de atardeceres. Parecía fácil pero las circunstancias acomplejaron mi labor.
Y ahora estoy, igual que en el alba de esta vida, aferrada al monstruo que se adormece delante de mis ojos para devorarse nuevamente este atardecer y no permitirme gozarlo.