lunes, 26 de marzo de 2012

Facultad de Filosofía y Letras.
No sé en qué momento pasaron estos dieciocho años de mi vida y llegué a pararme donde estoy parada hoy, en el comienzo de la nueva etapa. Quería evitar el ponerme cursi, pero no puedo. Es una nueva etapa y cientos de cosas quedan atrás.
Me parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde que tomé la decisión de estudiar Letras, como seguimiento de una pasión gramatical y literaria, hasta hoy. No puede ser verdad, si fue ayer cuando entré a mi primer día en la secundaria, bajo las mismas circunstancias que hoy. Ya casi todas esas caras de sorpresa, de desentendimiento, los enojos, las peleas, la oposición, las explicaciones, las preguntas que se respondieron, las que quedaron sin responder, todo eso que padecí desde que lo decidí, ya quedó atrás: hoy empiezo la carrera que yo quiero empezar. No puedo creer que hayan pasado tantos meses desde la primera vez que entré a ese edificio que me acunará por varios años. No me olvido de la sensación de seguridad que sentí al llegar a esa manzana empapelada o al poner mi primer pie dentro del lugar. Fue eso: seguridad, saber que estoy en donde quiero estar, saber que es lo correcto, que no me equivoqué, aunque no tenga ni la más remota idea de lo que el futuro tenga guardado para mí. 
No sé qué va a pasar, no sé cómo va a seguir esto. Muchas cosas quedaron atrás, muchos recuerdos, muchas personas, muchos lugares, muchas costumbres, muchos muchos. Pero la vida sigue. Es más, puede que empiece hoy. Sé que voy a llegar lejos mientras yo me lo proponga y luche por eso. Y es lo que pienso hacer.

martes, 13 de marzo de 2012

HEY YOU,
out there in the cold,
getting lonely, getting old,
can you feel me?


HEY YOU,
out there on the road,
always doing what you’re told,
can you help me?


HEY YOU,
would you help me to carry the stone?
Open your heart,
I’m coming home.


HEY YOU,
Don’t tell me there’s no hope at all.
Together we stand,
divided we fall.

lunes, 12 de marzo de 2012

Smierc Miasta


Después de mucho tiempo volví a mi barrio, escapándome como siempre. Continuaban buscándome y hallé refugio en una vieja casona. Todo estaba destruido y calcinado, allí no me encontrarían. Me recosté en la habitación principal y tuve mi primer encuentro con la paz. Las preguntas se me clavaron en la piel como los vidrios de la ventana que estallaron con la bomba del hospital, unos minutos antes. Fueron infinitas, sólo recuerdo las que más me atormentaban. ¿Es posible que hayan sobrevivido? ¿Podré escapar? ¿Existirá algún sitio en el que esté seguro? Había sufrido mucho y no quería morir, no quería callar todo lo que había soportado. Tenía que sobrevivir y hacerlo saber por los millones que hubieran querido y no pudieron.
Recordé a la muchacha que conocí el día que me llevaron. Lloré al pensar que podría estar muerta. Por primera vez me quebré. Definitivamente me había enamorado. La necesitaba a mi lado. Necesitaba que me dijera: “Saldremos de aquí. No sé cómo ni cuándo, ni siquiera a dónde iremos. Pero saldremos. Te lo juro”. Ya no recordaba su rostro, no tenía sentido, de seguro había muerto como los demás. Pero necesitaba salir de allí y denunciar todo aquello. Me faltaba seguridad, mi alma ya estaba derrotada y necesitaba de esas palabras.
Me dormí ahogado en lágrimas y desperté con hambre. Bajé y encontré una lata de comida. Debo haber hecho tanto ruido al intentar abrirla que un oficial que hacía guardia estaba detrás de mí cuando me volteé. Sólo me preguntó a qué me dedicaba. Temí morir. Estaba a un disparo de que mi miedo se hiciera realidad y se apagara el grito desesperado de millones de judíos más. Respondí que era pianista en mi básico alemán y el oficial me condujo en silencio a una sala donde había un piano de cola. Supuse que me pidió que tocara. Dudé. Hacía meses que no tocaba. Una vez sentado en ese pequeño banquito, cerré los ojos y me dejé llevar… Entonces la escuché. Escuché por fin su voz diciéndome aquellas palabras que me llenaban. Descubrí la esperanza en el tono de su voz que sólo se alzaba cuando mis dedos tocaban sus mejillas blancas como el marfil. Mientras que el oficial sólo observaba las curvas de su cuerpo esbelto, yo conocía cada movimiento su interior y sabía dónde debía tocar para que me dijera lo que necesitaba escuchar. Nos entendíamos a la perfección y mi alma recuperó toda la fuerza que había perdido.
El oficial se fue y regresó más tarde con provisiones.

Al finalizar la guerra, Szpilman escribió un relato llamado “Muerte de una Ciudad” contando su supervivencia en Varsovia. Fue censurado por las autoridades comunistas por el punto de vista con el que fue escrito. Sus memorias fueron reeditadas 50 años después. 





En 1945, retomó sus actividades como Director Musical de la Radio Polaca hasta 1963. A su regreso tocó la misma pieza musical que tuvo que interrumpir por causa de la bomba en el estudio, el Nocturno en do sostenido menor de Chopin, autor prohibido durante el gobierno nazi-alemán.

FUE LO MEJOR DE LEONOR
LO QUE HE VIVIDO CONTIGO
DEJAS CASILDA, YO DEJO MATADEROS
PARA JUNTARNOS A VER HOMBRES DE HONOR
¿Qué tango hay que cantar para poder seguir creyendo en el amor una vez más? 
¿Qué tango hay que cantar? Decime, bandoneón, yo sé que vos también llorás de amor. 
¿Qué tango hay que cantar? Querido bandoneón, busquemos ese tango entre los dos.
Tu pena con mi pena van del brazo, qué lindo que se hicieran el amor.


jueves, 8 de marzo de 2012

I LOVE YOU EVERY STEP OF THE WAY.

miércoles, 7 de marzo de 2012

SÓLO UNA COSA NO HAY:
ES EL OLVIDO.

domingo, 4 de marzo de 2012

El Despertar.


Entra la luz y asciendo torpemente de los sueños al sueño compartido y las cosas recobran su debido y esperado lugar.